Una visión histórica particular

Conversando con gente experta en la historia de Guayana, entendí que por qué tantas veces he sentido que Venezuela está al norte del río Orinoco, y por qué hay personas que al conocer esta región piensan que esto es como otro país.
La historia que nos enseñan, encarrilada (en el buen sentido) para formar una identidad nacional, suele obviar aspectos o periodos que denotan una existencia tangente, paralela, a la realidad del resto de Venezuela. Casi siempre se hace referencia a Guayana para hablar del Congreso de Angostura, donde Simón Bolívar decretó la creación de la Gran Colombia; así mismo, se habla de cómo Manuel Carlos Piar ganó la Batalla de San Félix contra los ingleses, lo cual permitió expulsarlos del territorio guayanés y recuperar estas tierras para Venezuela. Luego, Bolívar lo mandó a fusilar por "traición a la patria"... era su mejor amigo, y empezaba a hacerle sombra... hasta el momento no había perdido una batalla, fracaso que ya Bolívar había saboreado.

Sin embargo, cuando los gobernadores de las provincias de la Capitanía General de Venezuela y nuestros próceres firmaron el Acta de Independencia que nos desvinculaba del corona española en lo político y lo económico, la Provincia de Guayana NO estuvo allí, lo cual nunca la excluyó ni de la independencia de España ni de la pertenencia a Venezuela.

Lo que nuestros maestros nos muestran de Guayana llega hasta aquí, y como si se tratara de la omisión que hacen los Evangelios en lo relacionado a la niñez y adolescencia de Cristo, hay una gran vacío informativo acerca de qué pasó en Guayana en los tiempos de la separación de la Gran Colombia, la Federación, el caudillismo, la abolición de la esclavitud, el boom petrolero... muy poco sabemos de Guayana hasta que en la segunda mitad del siglo XX aparece el proyecto de Ciudad Guayana como alternativa económica y energética no petrolera para el país.

El Orinoco hace dos Venezuelas

Una inquietud muy personal me ha llevado a querer saber qué pasó en ese tiempo misterioso, paseo por los pueblos, observo la arquitectura, me pregunto quiénes llegarían primero y cómo, qué los traería hasta aquí, y qué pasaría allí mientras al otro lado del Orinoco los demás venezolanos luchaban y se mataban por instaurar algún orden político, del tipo que fuera... esta realidad no ha cambiado mucho... no es extraño que la gente de aquí exprese cosas como "los problemas de Caracas". Ellos dan hasta la vida por defender los ideales nacionales y nosotros seguimos trabajando como si nada pasara, manteniéndonos incólumes para no alterar los beneficios de la paz, la tranquilidad y la prosperidad.

Lo cierto es que, aunque esta actitud regional me parece deplorable, también hay que hacerle honor a quien honor merece. Guayana siempre ha sido el remanso de paz estratégico para Venezuela. En la segunda mitad del siglo XIX, en tiempos de la Federación, mientras al norte había guerras civiles, los canarios llegaban a Guayana y criaban miles de cabezas de ganado, los alemanes y franceses establecían casas comerciales y fábricas, los antillanos, europeos y norteamericanos abrían minas de oro y diamantes, y mientras la flota inglesa bloqueaba las costas de Venezuela para forzar el pago de una deuda, Ciudad Bolívar mantenía su puerto activo gracias a su salida directa al Atlántico a través del río Orinoco y su contacto directo con la isla de Trinidad. Guayana siempre ha sido factor clave para mantener activo el aparato productivo del país en tiempos de crisis; se dice que aquí está el futuro, pero para mí, aquí está el siempre.

Arte de metrópoli en la Orinoquia provinciana

Y en medio de esta disertación histórica, me pongo a pensar y me cuesta comprender que en mi tierra, aparentemente tan aislada, adentrada en el continente, en épocas cuando las comunicaciones eran tan lentas, haya habido gente tan globalizada. No logro conciliar que convivan en un mismo espacio el provincianismo y lo cosmopolita. Sobre todo en lo artístico. Me quedo admirado de los grandes talentos de clase mundial que han nacido aquí y se hayan proyectado universalmente. En la pintura y la escultura contemporánea, cito a Alejandro Otero y Jesús Soto (creador del arte cinético); no podía creer que al llegar a París me iba a encontrar en un espacio público una obra de arte de mi paisano.

Gente que vivió en la paz y tranquilidad de la guerra, la dictadura y el caudillismo en Venezuela, la que se libraba al otro lado del río. Quienes pudieron dedicarse a cultivar las artes, tomados de las manos de maestros europeos que se adueñaron del corazón de estas tierras cálidas.

Entre otros grandes virtuosos, quien más me asombra es Antonio Lauro. El mejor compositor de guitarra que haya tenido la historia de la humanidad. Tengo entendido, y corríjanme si no es así, que sus piezas musicales constituyen tránsito obligado para quienes aprenden a ejecutar este instrumento, y que están presentes en la mayoría de los manuales. En mi opinión personal, que no sé tocar absolutamente nada, pero soy un apreciador empedernido de melodías, las composiciones de Antonio Lauro me parecen complejas, sofisticadas, elegantes, mesuradas, sublimes...

Lo imagino en una de esas casas mantuanas de las empinadas calles de Ciudad Bolívar, con sus ventanas abiertas hacia el Orinoco y con vista a Venezuela, del otro lado, bajo el sol brillante, el clima tórrido, la brisa cálida y las inmensas piedras negras que afloran del subsuelo, con calles empedradas un tanto solitarias, mientras el comercio bulle abajo en los balcones y terrazas del Paseo Orinoco.

Si no se cansaron de leer hasta aquí, los invito a escuchar las piezas que vienen adjuntas (hagan click en los títulos de las canciones), y díganme si comparten o no lo que pienso. Saludos y gracias por estar (hasta aquí) conmigo.

ANGOSTURA (Autor: Antonio Lauro / Interpreta: Cheo Hurtado)

VIAJERA DEL RÍO (Autor: Manuel Yánez / Interpreta: El Cuarteto)

NATALIA (Autor: Antonio Lauro/ Interpreta: Cheo Hurtado)

SEIS POR DERECHO (Autor: Antonio Lauro/ Interpreta: John Williams)